Con el aumento de precios, los argentinos reacomodan sus gastos y destinan mayor parte de ingresos a gastos fijos y migran hacia comercios de barrios para compras precisas.
Los supermercados son los más afectados y registran una caída del 5% interanual.
Los consumidores se alejan de la gran compra mensual en cadenas y se vuelcan a operaciones más chicas, frecuentes y controladas en almacenes, autoservicios y comercios barriales.
Los hogares destinan una porción creciente de sus ingresos a transporte, luz, gas y otros gastos fijos. Existe una correlación directa entre el aumento de tarifas y la retracción del consumo masivo.
