Por Blas Díaz Saubidet – Club de Inversores
Hay semanas de las que nadie se acuerda. Y hay otras (como estas) que te meten de lleno en el ruido, en la incertidumbre, en esa sensación de que todo puede cambiar en cuestión de horas (o minutos).
Guerra, amenazas, discursos que se contradicen, noticias cada vez más extremas. Precios que vuelan y al día siguiente hacen exactamente lo contrario. Trump diciendo una cosa, después otra, insinuando paz mientras habla de destrucción total. Volatilidad pura!
En medio de todo eso, millones de opiniones, gráficos, reportes, tweets, gente convencida de que entiende lo que está pasando.
Hay una frase que dijo Agustín Beret y me quedó grabada: “estar en el mercado es como estar enchufado a la Matrix”. Y es exactamente eso, no hay mejor descripción!
Es abrir Twitter, ver si pasó algo con Trump, miirar cómo reaccionan los bonos, el petróleo, el S&P, los metales, Argentina, las criptos, los diferentes sectores, etc. Es cruzar datos con gráficos, leer reportes, ver cómo se contraen o amplían los múltiplos de valuación, tratar de entender qué está priceando el mercado en vivo. Hay información (y precios) 24/7. Adrenalina pura!
Es sentir que estás metido en algo que no para nunca. Mientras vos dormís, Asia opera. En cualquier momento del día hay datos en EEUU. Es un flujo constante de información, expectativas, miedo y codicia moviéndose todo el tiempo. Y eso, bien entendido, es fascinante. Por lo menos para mí, ja.
Pero también es una trampa. Porque estar enchufado no significa que tengas que actuar todo el tiempo. Por eso hay que tener cierta sana desconfianza en todo y en todos, ya que, a fin de cuentas, nadie sabe nada (de lo que va a pasar). De hecho, uno de los errores más comunes (y más caros) es ese: confundir ruido con señal.
El mercado te bombardea con noticias constantemente, y en el momento todas parecen importantes. Pero la mayoría no cambia nada de fondo. Sirven para entender el clima, el humor, la narrativa (que igual vale aclarar son importantes). Pero no necesariamente para tomar decisiones.
Muchas veces creemos que “el mercado se equivoca”, pero la realidad es que el precio muchas veces refleja algo más complejo. Empresas que crecen fuerte pero invierten más y comprimen márgenes (MELI, META, por ejemplo), decisiones estratégicas que afectan resultados de corto plazo, cambios en expectativas futuras. No todo es blanco o negro.
A mí me pasó muchas veces de ver algo “barato” y comprar. Y sí, en muchos casos había valor. Pero el mercado podía seguir bajando igual. Porque no alcanza con que algo esté barato. También importa cuándo. Y eso es lo que te obliga a complementar el análisis. A no quedarte solo con los fundamentos, sino también mirar el precio, la tendencia, las reacciones, el contexto. Porque esto no es una ciencia exacta. Básicamente invertir es un arte!
Por eso, en medio de todo este ruido, hace unas semanas vendí Vista, mi acción preferida de hace 5 años y la que más tiempo tuve en cartera. No cambió la historia, no cambió el negocio. Pero hace 3 o 4 semanas no veía una relación riesgo/retorno que justificara tenerla para mi estilo de inversión. Dicho eso, sé que volveré (y será más temprano que tarde).
Eso también es parte del proceso. Entender que no se trata de tener razón o de enamorarse de una acción (VIST lo hace difícil), sino de evaluar periódicamente si uno está cómodo con esa posición.
Al mismo tiempo, empiezo a ver otras cosas. Por ejemplo, en Nubank, mi otra acción preferida. Más allá del ruido y la caída de corto plazo, la valuación se tornó sumamente atractiva frente a sus perspectivas. Me cuesta no verla como una de las mejores oportunidades que nos está dando el mercado en este contexto.
Y ahí aparece algo clave, que es la asimetría. No porque “seguro va a subir” (la verdad, no lo sé, aunque le asigno buenas probabilidades de largo plazo), sino porque el potencial empieza a compensar (por mucho) el riesgo. Por eso hoy es mi principal posición, que no lo sería si tuviera una valuación exigente.
Al final del día, de eso se trata invertir. No de adivinar qué va a pasar mañana ni de reaccionar a cada noticia, sino de posicionarse cuando la relación entre lo que podés ganar y lo que podés perder es favorable. Margen de seguridad! Sí, el mejor concepto de la historia, adoptado por Warren Buffett, el número 1. Y para eso, paradójicamente, hay que hacer menos. Menos reacción, menos necesidad de estar encima de todo. Más criterio y más paciencia!
Si el mercado te termina consumiendo, algo está mal. Y eso es algo que con el tiempo uno aprende. El mercado no debería complicarte la vida. Al contrario, debería mejorarla. Si estás todo el día pegado a la pantalla con ansiedad, si no podés desconectar, si dormís mal, hay un problema! Yo miro la pantalla todo el día, pero porque me gusta (y es parte de mi trabajo), no porque sienta que si no lo hago me pierdo algo. Eso es muy distinto.
Y hay una cosa que hay que aceptar: te vas a perder la mayor parte de los movimientos. El que agarra todo no existe. Y si existiera, probablemente viviría bastante peor que vos. Invertimos para vivir mejor, por eso no tiene que ser una carga o algo con connotación negativa. Punto.
De hecho, una de las decisiones más importantes que podés tomar es esa: dejar de querer estar en todo. El mercado siempre va a estar. Siempre va a haber oportunidades. No necesitás correr atrás de cada una. A veces, las mejores decisiones son las que no tomás.
Porque el mercado tiene algo muy particular que repite siempre. Exagera. Exagera en la euforia y exagera en el pesimismo. Eso va a pasar siempre! Es psicología pura. No sé qué va a hacer el mercado, nunca lo voy a saber. Pero sí sé que en algún momento se va a poner “caro” y después “barato”. Sé que va a ponerse optimista y en algún momento pesimista.
Y es en esos extremos donde aparecen las oportunidades (y riesgos) en serio. Pero para aprovecharlas necesitás algo que no se ve en los gráficos: cabeza y paciencia. Y lo más importante: humildad para entender que podés estar equivocado. Y humildad para saber que al mercado no le importás en absoluto!
